"Lo que genera problemas no es lo que uno no sabe, sino aquello que uno sabe a ciencia cierta y no es cierto". Mark Twain

21 abril 2013

Cuando obtuvimos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas.

Un hombre sabio puede aprender más de una pregunta absurda que un tonto puede aprender de una respuesta sabia.

La mejor explicación de que crecer significar ampliar nuestra zona de confort.




Centrar tu mente en algo activa tanto el sujeto como el objeto de tu pensamiento. El cuerpo comienza a responder neurológicamente como si ese pensamiento fuera verdadero, y las ideas comienzan a tener su propia vida. Los pensamientos ocurren mucho más fácilmente la segunda que la primera vez. Tener meramente un pensamiento es una cosa. Alimentarlo conscientemente es otra muy distinta. La atención y la intención te ponen un enorme poder en las manos. La cuestión es: ¿hacia dónde estás dirigiendo todo ese poder?




Como ya he comentado anteriormente cuando hablamos de la relación con nuestro trabajo, el maestro en el arte de vivir apenas distingue entre el trabajo y el juego, el esfuerzo y el ocio, la mente y el cuerpo, la información y el recreo. Apenas sabe cuál es cuál.  Simplemente, persigue su idea de excelencia en todo lo que hace, y deja a los demás la decisión de si está trabajando o jugando. A sus propios ojos está haciendo ambas cosas. 


La perspectiva, nuestra perspectiva, es la mercancía más valiosa del mundo, por eso un cambio de enfoque es igual a un cambio en el resultado. Si quieres obtener resultados diferentes, debes realizar primero un cambio de enfoque. En cuanto cambies la imagen que tienes en la mente, comenzarán a ocurrir automáticamente cosas distintas. Por ejemplo, centra tu atención en un modelo específico de automóvil, y será como si un barco hubiese descargado un cargamento de dichos automóviles en la autopista. Tu cerebro tiene integrado un mecanismo para encontrar pautas que has programado previamente al centrar en ellas tu atención. Las soluciones, las innovaciones y el éxito no proceden de una mayor inteligencia o creatividad, sino de aquello que advertimos como resultado de nuestra manera de orientar dichos atributos.