"Lo que genera problemas no es lo que uno no sabe, sino aquello que uno sabe a ciencia cierta y no es cierto". Mark Twain

29 marzo 2010

Nuestro poder es proporcional a nuestra capacidad de relajación.

La velocidad y la precisión son los ingredientes clave de todo movimiento efectivo en las artes marciales, y estar relajado permite maximizar el control y la concentración.
Cuando estamos tensos, no somos eficaces negociando un trato; ni teniendo una conversación suficientemente profunda y sustancial con tu socio, tu esposa o tu hijo. Lo mejor es estar relajado. Descubre qué es lo que te produce estrés y resuélvelo -ahora- si quieres ser realmente efectivo en todos los niveles de tu vida. Estar relajado y ser capaz de concentrarte en lo que tienes delante, cuando lo tienes delante, en la medida justa en que lo merece, es una habilidad poderosa. Es el contexto que te permite acceder al máximo poder.
Analizar una y otra vez lo que falló en el pasado no siempre es útil para resolver lo que sucede en el presente. Es mejor no perder el tiempo y centrarse en el ahora. Tampoco sirve de nada angustiarse por el futuro.
  • Debemos ver las crisis como una oportunidad, desde esa perspectiva seremos capaces de crecer y movilizar todos nuestros recursos personales.
  • Un directivo con responsabilidades debe preocuparse por transmitir seguridad a través de una línea de trabajo clara, realista y lo más lógica y racional posible (facilitando con ello su comprensión y aceptación por todos los miembros de su equipo).
  • Debe adaptarse a cada situación y huir de las posiciones rígidas.
  • Ha de desarrollar la empatía para entender las dificultades y motivaciones de sus colaboradores y ayudarlos a crecer.
  • Un líder debe procurar que el trabajo ‘fluya’ y para ello ha de evitar la dispersión y dar la justa medida de responsabilidades a cada persona, ni más ni menos.
  • Los problemas complicados tienen a menudo soluciones sencillas. En el trabajo conviene crear un clima de confianza y responsabilidad, optimizar recursos, buscar objetivos comunes, saber priorizar y no perder el tiempo inútilmente.
  • En las dificultades diarias, debemos utilizar siempre el sentido común. Antes de tomar medidas drásticas primero hay que averiguar si existe un cuello de botella para desatascarlo. Eso bastará.
  • Ante el bombardeo de información inútil, una cura de silencio de unos minutos al día puede ser un bálsamo. En este sentido, la meditación resulta muy útil.
  • La ética debe estar por encima de todo. El Zen apuesta por quienes aspiran a crear riqueza para ellos mismos, pero también para sus colaboradores a través de un proyecto que mejore la sociedad en la que viven.
  • Hay que centrar los esfuerzos en un solo fin. «Quien persigue dos conejos, no caza ninguno». Ganar es un deporte de equipo y para practicarlo hay que dejar a un lado el ego. El mayor patrimonio que posee un ejecutivo Zen es la confianza que transmite a los demás y su credibilidad. Son un auténtico tesoro.
  • Conviene entrenar el pensamiento lateral, que busca arrojar nueva luz para solucionar problemas. Los mondos (diálogos breves que se establecen entre un maestro y su discípulo) y los koans (cierto tipo de acertijos) ayudan a desarrollarlo.
"Si sabes encontrar el punto de equilibrio, podrás resolver los pequeños asuntos. Si puedes resolver los pequeños asuntos, podrás dejar de correr de un lado para otro. Tu mente encontrará la serenidad. Si tu mente encuentra la serenidad, podrás pensar delante de un tigre. Si eres capaz de pensar delante de un tigre, seguro que tendrás éxito".