"Lo que genera problemas no es lo que uno no sabe, sino aquello que uno sabe a ciencia cierta y no es cierto". Mark Twain

07 septiembre 2010

Dirigir equipos en el trabajo

Tolerar el error responsablemente: Una parte implícita de la dirección de personas.

Para esta entrada, voy a rescatar una colección de experiencias que tienen que ver con la tolerancia de los errores y que conforman buena parte de nuestro estilo directivo. Y es que se ha escrito mucho sobre la importancia (que yo destacaría fundamental) que tiene este aspecto en los primeros momentos de la delegación de tareas y/o en las primeras fases de formación de los mandos intermedios.

¿Qué hacemos cuando alguien se equivoca?, ¿cuál es la primera interpretación, casi automática, que hacemos de lo que ha pasado?.
¿Buscamos para criticar a la persona responsable?.
¿La increpamos por el error cometido, por su "descuido" o "falta de habilidad"?.
¿Le levantamos la voz y nos descontrolamos?.
¿La acusamos de negligencia, falta de aptitud o de compromiso con su trabajo por haber tenido un error, un fallo que consideramos muy grave?.
¿Insistimos incansablemente y de forma persistente en la gravedad que tienen los hechos en caso de que se siga cometiendo ese error en el futuro?.
¿Nos olvidamos de dar directrices para el futuro porque estamos todavía muy ocupados en reseñar la gravedad e importancia de la decisión mal tomada por uno de nuestros colaboradores?.

Me viene al recuerdo la primera escena del inicio de la película "Ganar de cualquier manera" donde el entrenador Pete Bell, caracterizado por Nick Nolte, se cabreaba furiosamente en el vestuario y se quejaba a gritos por el rendimiento de todos sus jugadores después de la primera parte del partido, durante casi cinco largos minutos, estuvo golpeando, enfurecido, cabreado por lo mal que lo estaban haciendo, ... pero en todo ese tiempo no consigue dar ni una sola instrucción, por pequeña que fuese, sobre la forma de mejorar y/o cambiar el rendimiento del equipo en la continuidad del partido después del descanso. Demoledor.

Si esto lo evaluamos a nivel de empresa, puede ser uno de los valores más importantes por los que se caracteriza su Cultura a la hora de trabajar.
Por desgracia, podemos encontrar entornos donde la interpretación de dichos errores, sólo se busca en la falta de aptitud o capacidad del profesional de turno, cuando sabemos y nos debemos recordar constantemente, que un error sólo es la forma de que se dé el aprendizaje.
Es la única puerta que tenemos para lograr la capacitación de mandos y por ende, la excelencia empresarial. Aprovechemos y enriquezcamos nuestra visión de la empresa con dichos errores. Aprendamos de ellos.

Si tuviéramos la errónea pretensión de eliminar los errores de nuestra empresa, esta no tendría la capacidad de mejorar, de innovar sobre nuevos problemas. Se bloquearía cada minuto, ya que cada minuto exige de nosotros nuevas y mejores formas de afrontar los problemas.
Por cierto, hablando de las consecuencias de no aceptar ni incluir los errores como "partes del juego", podríamos enumerar entre ellas:
  • El miedo a tomar decisiones. Sobretodo aquellas de resultado incierto, aquellas que suponen posiblemente un avance dentro de la forma de hacer las cosas.
  • Por consecuencia de la anterior, infrautilización de los profesionales que deban tomar dichas decisiones y por ende desmotivación y miedo a la hora de afrontar cualquier adversidad que suponga discernir sobre el camino más adecuado.
  • Por consecuencia del citado miedo, tomar la decisión de menos riesgo y/o la que resulte más aceptada (por tanto no siempre la mejor) dentro del entorno.
  • Búsqueda de la aceptación por encima de todo. Debilitamos la confianza de los profesionales ya que les hacemos dependientes y les creamos un "techo" que les impide crecer más de lo que hemos crecido. Cerramos la puerta a cualquier otra decisión que fuese más adecuada aunque menos aceptada en un principio.
  • Debido a lo anterior, favorecemos la presencia de otras situaciones como las de no afrontar las responsabilidades del puesto o las intenciones de abandonar el puesto, incluso la empresa por parte del trabajador.
En definitiva, si no estamos preparados ni dispuestos a que nuestros colaboradores cometan errores y fallos en su quehacer diario, mejor no los contratemos. Si no aceptamos responsablemente que esto es parte de su necesaria adaptación al puesto, los estaremos privando de la capacitación y experiencia que necesitan para ser mejores.